PAMPLONA, UN SUEÑO CUMPLIDO

 Pamplona, un sueño cumplido

Casi todos los españoles y gran parte de los ciudadanos del mundo sienten la curiosidad, e incluso la necesidad, de visitar y conocer Pamplona. Sus fiestas, sus famosos y tradicionales encierros, sus calles, su ambiente y sus gentes convierten a esta ciudad en un lugar casi único en el mundo.

Desde que era un niño siempre oí hablar de Pamplona a mi padre y, muy especialmente, de sus encierros. Aquellas conversaciones despertaron en mí una enorme curiosidad y el deseo de conocer algún día esa ciudad.

Han tenido que pasar sesenta y un años para descubrirla de verdad. Aunque la conocí de paso hace algunos años, nunca había vivido desde dentro la magia de sus fiestas de San Fermín.

He permanecido en activo en mi profesión durante más de cuarenta y cinco años y Pamplona es una de las pocas plazas de España en las que nunca llegué a actuar. Siempre tuve una pequeña espina clavada por no haber toreado allí y por no haber podido disfrutar de una corrida de toros en esa plaza tan emblemática, además de conocer de cerca su ambiente, sus calles y su gente.

No es de extrañar que intelectuales de la talla de Ernest Hemingway se enamoraran del carisma de esta ciudad. Y qué mejor fecha para conocerla que el 7 de julio, su día grande.

Meses atrás le propuse a mi amigo Carlos viajar juntos a las fiestas. Aceptó encantado desde el primer momento. Cuando hicimos la reserva del hotel y comprobé el elevado precio de las habitaciones, por un instante dudé si seguir adelante con mi idea. Sin embargo, animado por Carlos, finalmente decidí emprender el viaje. Hoy puedo decir que fue una de las mejores decisiones que he tomado.

He toreado en muchas plazas y he conocido infinidad de ambientes, pero lo que sentí al entrar en la plaza de toros de Pamplona el día 7 fue difícil de explicar con palabras. Aquella plaza llena, el blanco y rojo inundándolo todo, miles de jóvenes cantando sin descanso, la alegría contagiosa, la energía positiva y las inmensas ganas de vivir la fiesta me cautivaron desde el primer instante.

Estos tres días en Pamplona me han regalado emociones muy bonitas. Sus calles rebosan vida a cualquier hora, siempre hay actividades, música y celebración. Es una ciudad que te recibe con los brazos abiertos y consigue que, en muy poco tiempo, te sientas uno más entre sus gentes.

Han sido tres días que se han pasado como si fueran apenas unos minutos. Todo se vive con una intensidad difícil de describir, donde el día parece enlazarse con la noche sin que apenas exista el paso del tiempo.

La fiesta de Pamplona tiene como eje principal al toro y al encierro, una tradición que forma parte de la identidad de esta ciudad y que la hace conocida en todo el mundo.

Durante estos días me he sentido muy feliz. Pamplona es España, y España también se refleja en Pamplona, una ciudad universal que cada año abre sus puertas a personas llegadas de todos los rincones del planeta.

He podido sentir la arena de su ruedo bajo mis pies mientras caminaba por ella, imaginando por un momento lo que pudo haber sido y nunca fue. Fue un instante lleno de emoción y de recuerdos.

Si la vida y Dios me conceden salud, prometo volver muchos Sanfermines más. También deseo reencontrarme con mi amigo Sergio y con toda su familia, que se portaron de maravilla conmigo y con mis amigos. Ojalá el próximo año podamos regresar juntos Carlos, Luis Miguel y yo para seguir compartiendo momentos inolvidables, risas y esa amistad que tanto valor tiene.

Que Dios nos conceda mucha salud para volver a disfrutar de Pamplona durante muchos años más.

   Julián Maestro 











Comentarios

Unknown ha dicho que…
Bien por ti, Julián! Y por Carlos, naturalmente. Volveréis