Unas pinceladas de la década
Era la década de mediados de los ochenta. Pronto tendríamos que enfrentarnos al incierto y temido servicio militar. Temido por todo aquello que nos contaban nuestros padres sobre sus aventuras en la mili, sobre las novatadas de los veteranos a los reclutas, la disciplina militar y la dureza de aquellas maniobras en el ejército. Todo aquello despertaba en mi cierta inquietud y, por qué no decirlo, también cierto temor ante lo que se me venía encima. Yo apuraba mis últimos meses de libertad divirtiéndome a tope, como si la mili fuese a acabar de golpe con mi vida normal. Recuerdo que, en una de aquellas juergas de madrugada, paseaba por la Gran Vía de Madrid a altas horas de la noche. Iba un poco puesto de alcohol y, para serenarme, se me ocurrió pedirle a una persona que estaba regando la calle con una manguera a presión que me enchufara directamente en la cabeza. Amablemente, accedió a mi petición. Recuerdo que el chorro de agua era tan fuerte que, cuando me golpeaba en la cabeza, esta...