Cuando todo termina
Una vez que pones fin a tu carrera y el vestido de torear lo cuelgas en un armario o en una vitrina, todo empieza a cambiar. De repente, todo se llena de silencio. Todo es calma. Tienes todo el tiempo del mundo para hacer lo que antes no podías hacer. Ahora eres tú quien pone límites a tus entrenamientos, a tus comidas, a tus viajes y a tus amistades. Pasas de recorrer carreteras continuamente durante los veranos a estar tranquilamente en el sillón viendo los festejos por televisión. El teléfono deja de sonar y solo permanecen las llamadas de esos pocos amigos que siguen estando ahí cuando no se alcanza la máxima gloria. Imagino que incluso aquellos que llegaron a tocarla también descubren, llegado el día del adiós, que cada vez quedan menos amigos. De mi profesión, como decía mi esposa, me gustaba el festejo en sí, pero no toda la parafernalia que lo rodea. La gente que quería hacerse fotografías contigo, las mujeres que se arrimaban al vestido de torear, los halagos y las sonris...