Donde todo empezó
Cierro los ojos y todavía veo a aquel niño que fui.
Me traslado al invierno de 1973, cuando con apenas nueve años me adentré por primera vez en la Casa de Campo de Madrid. Aquel lugar era un mundo aparte: variopinto, mágico y contradictorio. Allí convivían el parque de atracciones atracciones, el zoológico, el metro, quioscos de bar, personajes de toda condición, prostitutas, soñadores y buscavidas. Y fue precisamente allí donde comenzó mi bendita aventura de querer ser torero.
Con tan solo nueve años descubrí un universo que me atrapó para siempre. Desde lejos veía los capotes y las muletas. Me atraía su colorido, su misterio, su belleza. Poco a poco me fui acercando a aquel mundo que terminaría convirtiéndose en mi vida.
En la Casa de Campo conocí a toreros que poco después serían matadores de alternativa. Viví una tauromaquia muy distinta a la actual: más autodidacta, más romántica y menos mecanizada. Los toreros de entonces quizá eran menos atletas que ahora, pero poseían un arte natural y auténtico. Salían a andar, apenas corrían o corrían poco, toreaban de salón durante horas y aprendían a base de ilusión y sacrificio.
Años después nació la Escuela Nacional de Tauromaquia, y allí perfeccioné mi toreo. Aprendí técnica, oficio y disciplina, cosas imprescindibles para sobrevivir en esta profesión tan dura. La Escuela me lanzó junto a mis compañeros Lucio Sandín y “Yiyo”(D.E.P.), formando aquella terna en que nos denominaron “Los Príncipes del Toreo”. Recorrimos España y el sur de Francia, conocimos plazas, hoteles, carreteras, triunfos y también decepciones.
En 1980 debuté con picadores oficialmente, y a partir de ahí descubrí la verdadera dureza de la profesión. El toreo te hace madurar demasiado pronto. Aunque seas un niño o un adolescente, la vida te obliga a espabilar. Te curte. Conoces lo mejor y lo peor de cada casa (Personas).
Puedo decir con orgullo que he pasado por todas las etapas del toreo: Becerrista, novillero sin picadores, novillero con picadores, banderillero y matador de toros. Más de cuatro décadas dedicadas por completo a una profesión que fue mi vida hasta mi retirada definitiva en 2018.
Durante esa larga aventura escribí dos libros. El primero, autobiográfico, vio la luz en 2005, "Sentimientos de una pasión",(Hoy, ya no es ayer). El segundo, mucho más completo y maduro, apareció en 2024: "El Refugio de mis Sentimientos". Este libro me dejó satisfecho porque lo escribí desde la calma, con más experiencia, más recursos literarios y sobre todo más alma que aquel primero.
Hoy, al mirar atrás, siento que todo aquello no fue solamente una carrera taurina. Fue una forma de vivir, de sentir y de resistir. Y quizá por eso sigo escribiendo: Porque hay recuerdos que el tiempo no consigue borrar y sentimientos que todavía necesitan refugio.
Julián Maestro



Comentarios